La amenaza atómica perdura hoy

Al centro, la señora Tokuko Kimura, de 82 años, Hibakusha o sobreviviente de la bomba atómica de Nagasaki

Lic. Adolfo Rosales Medina 

publicaciones@upoli.edu.ni

El terror de las bombas atómicas no es algo que se acabó hace 72 años, sino que sigue hasta el día de hoy; nos sigue agobiando, aseguró la señora Tokuko Kimura, de 82 años, Hibakusha o sobreviviente de la bomba atómica de Nagasaki, quien brindó a los universitario un amplio testimonio que brindó en la UPOLI, como parte de la visita a Nicaragua del Barco de la Paz, proyecto japonés que promueve la paz, los derechos humanos, el desarrollo justo y sostenible y el respeto por el medio ambiente..

"Hace 72 años, en Nagasaki estuve expuesta a la bomba atómica", expresó Kimura. “Yo me encontraba a 3,6 kilómetros del lugar donde cayó la Fat Man”, (apodo dado por los soldados estadounidenses a la bomba). “El avión B-29 sobrevoló la ciudad en un día nublado, y aprovechó un momento de claridad para lanzar el artefacto desde 10,000 metros de altura sin tener en cuenta dónde caería, y 40 segundos después explotó a 500 metros de la tierra, elevando la temperatura por encima de los 4,000 grados Celsius”.

“Solo por la explosión murieron 40 mil de las personas que vivían en Nagasaki, y en ese año se estima que un total de 74 mil fallecieron por los efectos de esa detonación”, indicó la Sobreviviente.

Mostró a los universitarios una imagen de la nube que se formó tras la explosión, y les explicó que ella no pudo verla porque estaba debajo de ese hongo.

Describió  que un patrullero por altavoces ordenó evacuar hacia un área más segura, por lo cual se trasladaron a un poblado cercano, y al llegar al exterior comprobaron que el cielo estaba muy sombrío como en el anochecer, pese a que era de día.

"Vimos una masa de cuerpos grises que se nos acercaban desde el norte, eran personas que escapaban de la explosión, sus caras estaban rojas por la hinchazón y sus cabellos manchados de cenizas, estaban tan quemados que los residuos de su vestimenta y de su piel se fundían", recuerda.

Explicó que en la casa de evacuación, que también estaba destruida, vieron personas muy heridas que aún conservaban la vida, y les indicaron que no podían alojarse allí por lo peligroso del lugar; les recomendaron que regresaran, lo cual hicieron con mucho miedo por la misma ruta que habían venido. Después supieron que todas las personas que conocieron en aquel lugar murieron en los meses siguientes al bombardeo, y estuvieron entre los muchos cuerpos cremados a cielo abierto.

"La bomba atómica fue lanzada en un instante, pero las personas afectadas hemos sufrido las consecuencias el resto de nuestras vidas", afirmó Kimura.

La Hibakusha explicó que en los 10 años siguientes a la guerra sufrió como adolescente la tragedia de compañeros con quienes estudiaba y que perecieron por las secuelas de aquel bombardeo. En particular evocó a una amiga que un día dejó de asistir a clases, y cuando llegó a su casa para averiguar la encontró en cama, muy pálida y con sangre en todo el cuerpo. Falleció 72 horas después.

"Cada vez que eso sucedía a algún amigo, pensaba que detrás vendría mi turno, y así ha vivido 72 años", dijo Kimura.

Señaló que por sufrir esta tragedia, junto a otros activistas ha estado pidiendo por décadas el desarme atómico, esfuerzo que continúa en recorridos por todo el mundo.

"Nunca hablé de mis experiencias sobre la bomba hasta que mi hija comenzó a estudiar en la escuela y me preguntó si era Hibakusha de segunda generación. Temía que fueran discriminados, pero ahora quiero contribuir a que esta historia no se olvide y no se repita", insistió.

El "Barco de la Paz" japonés (Peace Boat, en inglés) atracó en el Puerto de Corinto la mañana del 29 de octubre en Nicaragua, con la misión de llevar un mensaje de tolerancia y en contra de las guerras al mundo.

El Sr. Takashi Sakuma, coordinador del Poyecto Oriduru, dijo que la iniciativa de llevar supervivientes de Hiroshima y Nagasaki a diferentes países para contar sus vivencias, fue una de las razones para que la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares recibiera el Nobel de la Paz este año.

Afirmó que debido a que el promedio de edad de las víctimas ronda los 80 años y hace difícil continuar el programa original, incluyen también en los viajes a Hibakushas de segunda y tercera generación, para continuar la lucha contra el desarme nuclear.

Junto a la Sra. Tokuko Kimura, estuvo la estudiante Shion Urata, nieta-sobrina de Shinoe Shoda, una cantautora que vivía a 1,5 kilómetros de donde explotó el 6 de agosto de 1945 la bomba de Hiroshima, la cual segó la vida de su padre y su hijo.

Tras esa tragedia, pese a que oficialmente le estaba prohibido, Shoda se dedicó a narrar las historias de las consecuencias de la Bomba Atómica en canciones que circulaba clandestinamente. Así vivió 20 años, hasta que murió de cáncer en 1965.

La joven Urata confesó que inspirada en el legado de esa artista y la conmoción que le causaron los ataques de Estados Unidos y sus aliados contra Irak y Libia, con artefactos de uranio, decidió convertirse en activista por la paz, que organiza campañas, talleres y eventos.

Ella es estudiante en la actualidad de una maestría en artes. Sostiene que como Hibakusha de tercera generación decidió dedicarse desde el campo artístico a la lucha contra las armas nucleares para que el legado de las víctimas directas de Hiroshima y Nagasaki no desaparezca cuando muera el último de ellos. 

Durante la actividad, el Lic. Denis Torres, director del Instituto Martin Luther King, coordinador por la UPOLI de la visita de la sobreviviente de la bomba atómica Sra. Tokuko Kimura, dio lectura a una Iniciativa de Paz para la creación de la Red Internacional de Universidades por la No Proliferación, Reducción y Eliminación de las Armas Nucleares.

Esta Red tendrá como objetivo, desde sus propios ámbitos: la educación, la investigación, la comunicación, la información y el desarrollo de sinergias internacionales, la no proliferación, la reducción y la eliminación de las armas nucleares en el mundo, contribuyendo a garantizar la paz, la vida y la seguridad de las futuras generaciones, como lo establece la Carta de las Naciones Unidas.

Fecha: 30/10/2017
Por: publicaciones

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Actualizado - 01/11/2017